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Sexualidad y discapacidad


Sexualidad, Parejas y Amor |Por: Dra. Alicia Garzón
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La sexualidad y la discapacidad no son enemigos. De hecho, todos los seres humanos son sexuados y sexuales, exista o no la discapacidad. Por esta razón, la sexualidad en la discapacidad es completamente real y factible. Lamentablemente se han difundido más mitos que verdades sobre el ejercicio de la función sexual en personas con algún tipo de discapacidad. De inicio, se debe afirmar una de tantas verdades: las personas con capacidades distintas, con discapacidades y limitaciones funcionales, sienten su sexualidad igual que el resto de las personas. Las personas con discapacidad (física, intelectual, psicosocial, visual y/o auditiva) presentan deseo sexual, respuesta sexual y satisfacción sexual, por ejemplo.

La sexualidad es propia de cada ser humano; por lo tanto, no se puede esperar que la sexualidad de un individuo sea igual a la de otro. Así, el ejercicio de la función sexual estará dado según las características físicas, emocionales, sociales y según el grado de información sexual de cada individuo. Si ésta es sin mitos, se facilitan el conocimiento y descubrimiento de la función sexual y aumentan el potencial y el control que cada individuo tiene sobre sí, al momento de la sexualidad, en solitario y en pareja.

La discapacidad se origina por varias causas y dependiendo de los sistemas y órganos lesionados, se presentarán cambios en la función sexual. No toda discapacidad genera disfunción sexual. Lo que sí se producen son cambios en la sexualidad, que requieren adaptación a una nueva realidad. El cuerpo nunca pierde su condición de ser sexual y tampoco pierde la capacidad de generar la respuesta sexual con las áreas no lesionadas. El reto, en la discapacidad y, en general, en los cambios que el ser humano experimenta en cada etapa de la vida, es descubrir y redescubrir su cuerpo para mantener la salud sexual y la operatividad sexual.

Principalmente, la vida sexual requiere no ser genitalizada. No es necesario limitar la sexualidad a los genitales y a su funcionamiento. A pesar de esto, los cambios en la erección, eyaculación, lubricación y orgasmo, deben ser abordados médicamente. El deseo sexual también puede verse afectado, en aumento o disminución, y es susceptible de tratamiento. La satisfacción sexual, por su parte, también puede ser creada y recuperada.

La discapacidad modifica y afecta la vida sexual de las personas, tanto del paciente como de su pareja.  Generalmente las parejas refieren disminución del deseo sexual o de la frecuencia sexual, sobre todo debido al miedo.  El desconocimiento del funcionamiento sexual en la discapacidad y la preocupación por no hacer daño a su pareja los alejan progresivamente de la intimidad, la pasión y el compromiso.  Se presenta evitación del ejercicio de la función sexual y la comunicación sobre el tema disminuye. Aunque la sexualidad permanezca intacta en varios aspectos, la persona con discapacidad pierde seguridad y su autoestima se ve afectada.  Estos elementos producen angustia en actividades sexuales y no sexuales y vergüenza por una inadecuada interacción con la pareja.

Existen varias opciones de tratamientos para los cambios y las complicaciones de la función sexual.  La terapia sexual se basa inicialmente en recuperar los derechos sexuales de la persona con discapacidad y en la educación sexual. Proveer información científica y clara sobre la sexualidad y sus cambios permite recuperar la sexualidad perdida y despojar los mitos.  Además, el uso de técnicas específicas permite obtener y mejorar la respuesta sexual, como erección, eyaculación, lubricación y orgasmo, según la dificultad de cada paciente. Parte importante de la terapia incluye el uso de medicamentos. La terapia de pareja mejora la comunicación, la asertividad sexual y la dinámica afectiva, erótica y sexual de la pareja.

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