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Machismo en la crianza de los niños


Bienestar |Por: Viviana Chacón
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Latinoamérica ha sido por generaciones afectada por el machismo cultural. Actualmente cada vez más se busca transformar las nuevas generaciones y evolucionar como especie. ¿Cómo estamos aportando como personas? ¿Qué podemos hacer para transformar este status quo psico-cultural? ¿Será que aún lo seguimos alimentando y reproduciendo en las nuevas generaciones?

Partamos del concepto de machismo como un fenómeno cultural que da énfasis a la exageración de las características masculinas, con una creencia de superioridad del “macho” y ciertas actitudes atribuidas a la hombría (Revista Latinoamericana de Psicología). Es decir, que “el macho” aprende que debe cumplir y sobre todo abusar de ciertas creencias patológicas sociales como:  el libertinaje sexual, la conquista y dominio sobre la mujer, el bloqueo de emociones, y el uso de la violencia como lenguaje cotidiano.

Desafortunadamente, este entrenamiento crea una psicología masculina con deficiencias relacionales, carencias emocionales, actitudes tóxicas, ansiedad por la búsqueda constante de la aprobación, una baja autoestima disfrazada de superioridad y con búsqueda de mantener el poder y dominio sobre la mujer. Esto no sólo es creado por el hombre sino también por la mujer que juega el rol complementario de ser dominada, ignorada e inferior. El machismo afecta psicológicamente a hombres y mujeres.

El primer entrenamiento sobre machismo lo tenemos en nuestros hogares, que se convierten en la escuela de relaciones, códigos y actitudes. Después este entrenamiento se ve reafirmado por una estructura social y cultural. Por tal razón, para generar un cambio debemos ir a la raíz, que es la familia y la educación.

Estos dos juegan un papel fundamental en la psicología de los niños. Es donde cada ser humano aprende qué se espere de él y cómo relacionarse con los demás. Desde pequeños se nos enseña que los niños y las niñas son diferentes, que tenemos diferencias en las habilidades, las formas de actuar frente a la vida y las características cognitivas y conductuales. Esta diferencia es evidente pero esa diferencia no es la que convierte a los niños o niñas en machistas sino es el juego de roles superior-inferior, la falta de un equilibrio psicológico, la baja autoestima y la resistencia para, celebrando la diferencia, aprender del otro.

Los padres y madres tienen la misión de detener este ciclo destructivo del machismo conociendo y aplicando una nueva cultura en su casa, en su pareja y sí mismos.

Empecemos por nosotros

Como mujeres podemos aprender a enfrentar el conflicto si es necesario, a pensar en nosotras mismas, a vivir una sexualidad sin tabúes, pero sin libertinaje, a trabajar en equipo, a decir no, a hablar o denunciar lo que no está bien y a perder el miedo.

Y los hombres deben aprender a manejar y canalizar la ira, animarse a expresar ternura, cuidar de las relaciones, entrenarse en los detalles, aprender a buscar la profundidad del sexo, valorar sus emociones y aprender a trabajar en equipo.

Para transformar las nuevas generaciones debemos saber que ellos aprenden de lo que ven, de cómo actuamos, de cómo somos, por eso empieza por ti.

En casa puedes aportar con nuevas prácticas que busquen enseñar a tus hijos e hijas a cuidar de sí mismos, a construir una autoestima basada en autoconocimiento y comunicación, a enseñar que las emociones son valiosas en hombres y mujeres que se deben hablar y canalizar, a buscar el bien personal y el bien común, enseñar que las tareas no tienen sexo, que las relaciones deben ser cuidadas por igual sea con hombres o con mujeres, y enseñar a ser diferentes, ser respetuosos de las diferencias y saber que no existen privilegios sino normas de cuidado personal, sentido de responsabilidad y de solidaridad en comunidad.

El machismo solo dejará de existir cuando nosotros establezcamos el camino del humanismo. Donde celebremos nuestras diferencias, aprendemos del otro y construimos una sociedad que edifique mediante prácticas de cuidado personal y comunitario.

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GABRIELA BARREIROVer todas las entradas de GABRIELA BARREIRO
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