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La inserción de la culpa como obstáculo a la felicidad


Inteligencia Emocional |Por: ADRIANA FORNASINI
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Parte de un desarrollo sano en del niño, es la inserción de los límites y de las leyes. A partir de los dos años el niño debe aprender a controlar los esfínteres, es decir, regularse poco a poco para aprender a acoplarse a la sociedad humana. El niño de esta edad busca dar rienda suelta a la exploración del mundo en un estado ego centrado, según Freud es la etapa anal, según Villegas la etapa anómica.

En esta edad es adecuado que los padres sepan cómo regular los deseos del niño, con la inserción de las reglas. Poco a poco el niño va creciendo y de los 7 a los 12 años, entra en otra etapa, la de la heteronomía según Villegas, en donde el niño incorpora las reglas y el racionamiento lógico de la realidad. El niño aprende que debe cumplir ciertos reglamentos sociales, para funcionar de forma adecuada. Estas leyes las insertan los padres, los profesores y la religión, todavía en algunos colegios y grupos.

La adecuación de la regla y de la ley es fundamental, para el desarrollo sano del niño, ya que estructura su mundo y le da seguridad dentro de los límites establecidos. La inserción del superego en términos freudianos se da también por medio del padre, insertando en el sujeto el concepto de ley y el respeto por los “jefes de la tribu”.

Toda esta inserción de la ley es una parte fundamental, para el crecimiento sano del niño, pero el problema se origina cuando la ley y las restricciones son excesivas. De tal forma que la culpa se convierte en una parte básica de la psique, el miedo al fracaso, a hacer las cosas mal, a ser malo, a no ser perfecto, a sentirse sucio, dañado, no merecedor si se comete un error. Ahí la inserción de la neurosis, de la represión el placer. Difícil relajarse un momento si se ha vuelto una costumbre estar todo el tiempo con una voz culposa interna desafiando la tranquilidad.

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Muchos de los trastornos de la línea de la ansiedad, están relacionadas con la culpa, porque la persona empieza a desarrollar un tipo de personalidad, en donde  necesita controlar todo lo que está alrededor, para sentir que va a poder hacer las cosas “bien”. La idea de que se tiene que hacer las cosas perfectas, todo el tiempo para ser aceptado y en el fondo amado, va desarrollando un tipo de pensamiento rígido, en donde si la persona tiene un pequeño error se siente mal. A partir de esto, se va creando, un tipo de pensamiento culposo ante el placer, ante un pequeño desorden, ante sentirse relajado y ante no estar haciendo cosas que se consideran funcionales.

Por lo tanto, es una lucha constante interna, entre lo que me sienta bien y lo que debo hacer. Este tipo de pensamientos si se incrementan, son la causa del trastorno obsesivo compulsivo, en donde la persona tiene que ordenar el closet con tamaños y colores, revisar compulsivamente que las puertas de la casa estén cerradas o lavarse las manos repetitivamente, lo cual genera mucho sufrimiento en la persona, que lo padece. Lo que sucede internamente es que el cerebro se acostumbra a estar en estrés, lo que con el tiempo influye en el funcionamiento de los neurotransmisores, generando depresión y/o ansiedad, esto es a nivel fisiológico. A nivel de pensamientos la persona incorpora, como parte de su cotidianidad, pensamientos rumiantes automáticos, en donde el centro de su psiquis, gira en torno a cumplir con tareas, horarios, metas y ciertos comportamientos que considera aceptados, de forma obsesiva.

Cuando esto no se logra a cabalidad y esto es lo más común, que no se puedan cumplir con todos los esquemas a totalidad, porque no somos robots, la persona se culpa, su auto concepto baja y aparecen síntomas de ansiedad, ataques de pánico o TOC. Hay que entender que  nuestras necesidades inconscientes y naturales, van a generar en algún punto, comportamientos que no son programados ni esquematizados, que compensen la auto exigencia excesiva. Si la rigidez es extrema, estos puntos de fuga serán más intensos y más fuertes, y se observarán somatizaciones, pánico, abuso de sustancias, trastornos alimenticios, comportamientos excéntricos, o simplemente irse al otro extremo de no cumplir con nada. Que posteriormente aumentará la culpa, por lo tanto esto debe tratarse desde la raíz, incorporar un pensamiento equilibrado, en donde negocio con los esquemas y con lo que necesito, para sentirme relajado.  Dentro de estos puntos de equilibrio entran el sentarme un momento durante el día a no hacer nada, salir de vacaciones ,poder  reírme , tener horas libres para hacer cosas divertidas, bajar el nivel de auto exigencia, aceptarme más y permitirme ser auténtico.

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Es necesario bajar la tendencia al auto castigo mental, racionalizar que muchas de nuestras propias exigencias vienen de la niñez, del miedo a no ser querido o de una cultura que pide más de lo que se puede dar. Es fundamental saber que la salud mental se basa en lograr soltar la rigidez y la idea de perfección. La vida no son extremos, son matices. Por lo tanto un error de vez en cuando es normal;  la perfección es subjetiva y pre fabricada. El ser uno mismo es suficiente, para tener la libertad de tener tranquilidad y desde ahí poder hacer las cosas mejor, incluso más efectivas. El exceso de estrés lo que genera es miedo y una especie de congelamiento, en donde las personas  no logran cumplir de forma eficiente lo que mentalmente se exigen. Al relajarse las cosas van a salir mejor, al dejar la presión excesiva a un lado, se tiene la tranquilidad de hacer las cosas más eficientes, porque el cerebro puede pensar mejor y aflora la parte creativa.

Para evitar este desequilibrio, hay que volver al tema de la educación desde los padres. En una crianza saludable hay que encontrar el equilibrio adecuado entre los limites necesarios para que el niño se sienta seguro, siempre y cuando este también tenga libertad de actuar, de decidir, de aprender a través de la experimentación, cometiendo errores que le permitan adquirir seguridad en si mismo. Parte del aprendizaje de la vida es caerse, enriqueciendo al sujeto con la aventura de la existencia, sin que esto signifique ser malo o ser merecedor de un castigo.

Hay que dejar a un lado la culpa, los “errores” para una existencia más plena, con menos neurosis, represiones y obsesiones, poniendo énfasis en los sí, en los aciertos, en el aprendizaje y no en los castigos y en las “imperfecciones” tan normales en los seres humanos. Como resultado se obtendrá una sociedad con personas más enfocada en construir, en crear y no en culpar y sentirse culpables por represiones neuróticas. De aquí se deriva la pregunta: ¿Cómo puedo ser feliz, si yo mismo no me lo permito?

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