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El estrés lleva al envejecimiento


Belleza, Bienestar, Cuerpo y Piel |Por: Dra. Pamela Vásquez
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El efecto que produce el estrés crónico sobre los órganos y sistemas lleva al envejecimiento. El estrés aparece cuando se rompe el equilibrio entre la carga que soporta el organismo y su resistencia, puede ser físico o psíquico y a la vez, puede ser agudo o crónico.

El agudo es una reacción fisiológica momentánea y necesaria frente a situaciones de peligro. Aumenta el cortisol y la adrenalina para dar una respuesta rápida frente a un ataque.

El crónico es el más destructor, paraliza todos los procesos de regeneración del organismo. Es patológico porque no podemos vivir normalmente ante una situación de estrés que se mantenga durante mucho tiempo.

El ser humano ha sobrevivido desde el comienzo hasta la actualidad, gracias a que el estrés lo ayudó a enfrentarse a un medio hostil y requería una respuesta rápida y eficaz. Pero esta respuesta se volvió automática e inconsciente, muy rápida e instintiva que hoy es un problema porque el medio ya no es el mismo, solo es adaptación genética.

Ante una situación de estrés se genera una respuesta que consta de tres fases, de alarma, de resistencia y de agotamiento.

En la fase de alarma: el cerebro manda mensaje a las glándulas suprarrenales a que produzcan adrenalina, reduciendo la sensación de dolor, mejora la memoria y el pensamiento, aumenta el ritmo cardíaco, llevando más oxígeno y glucosa para dar energía. Minutos después el cuerpo cambia a recuperación, se libera cortisol quien aporta energía y produce efectos antiinflamatorios.

El cortisol y la adrenalina usarán cuanto tejido vital dispongan para seguir generando energía, que ya no se utiliza, y esta energía no gastada se termina acumulando en forma de colesterol, por eso personas delgadas, que no comen grasa, viven estresadas, tienen el colesterol alto.

En estrés crónico somos catabólicos, se suprime la reparación y renovación celular, se envía energía a los músculos y se degradan o destruyen tejidos en busca de más energía.

En la fase de resistencia: cuando la fase de alarma se repite o se mantiene, el cuerpo se adapta al esfuerzo y aparecen los síntomas de estrés crónico; dolores de cabeza, fatiga crónica, contracturas musculares cuello, dorso y zona lumbar, pérdida de memoria, dificultad para dormir, falta de concentración, pesimismo, sensación de fracaso, aumento de las adicciones, comida, bebida, tabaco, trastornos digestivos.

En la fase de agotamiento: es la más grave cuando ya existe daño como hipertensión arterial, infarto miocardio, ulceras gástricas, infecciones, derrame cerebral, cáncer.

Al afectar varios sistemas y órganos, el estrés, afecta también a la piel, su composición, su reestructuración (colágeno, elastina, ácido hialurónico), su hidratación etc.; se marcan algunas arrugas finas y cambia a surcos profundos, algunas manchas se hacen más obscuras y se reseca la piel.

El tratamiento es multidisciplinario ya que involucra varios componentes, cambiar el estilo de vida, darse tiempo para caminar, cambiar de actividad, complementar con algunos antioxidantes, vitaminas y oligoelementos pueden ayudar a esa reestructuración general, y tratamientos directos en la piel de acuerdo a la necesidad y daño de cada paciente, van a ayudar de manera local.

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