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Diferencia Entre Espiritualidad y Religiosidad y la Aplicación en la Vida Cotidiana de una Práctica Espiritual


Inteligencia Emocional |Por: José Verdú
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En los tiempos que vivimos se ha vuelto muy común escuchar hablar sobre la espiritualidad. Muchas personas hoy en día llevan, como una parte fundamental de sus vidas, una práctica espiritual. Sin embargo, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de espiritualidad?, ¿es lo mismo que practicar alguna religión?, y si no es así, ¿cuál es la diferencia?

La principal diferencia es que la espiritualidad implica una práctica personal, generalmente producto de un trabajo interior enfocado en el desarrollo personal, enmarcado en un contexto que comprende, desde una experiencia propia, la existencia de un poder superior, sea cual sea su denominación. Por otro lado la religiosidad involucra la práctica y creencia en leyes, reglamentos, y un código de conducta en general, que han sido aprendidos gracias a un contexto social y cultural, y que se practican, ya sea por convicción propia o por haber sido transmitidos de una generación a otra.

Es importante aclarar que ni la espiritualidad ni la religiosidad son “malas” o “incorrectas” en sí mismas.  Los problemas suelen surgir cuando son practicadas en contradicción con las creencias que uno internamente mantiene. Por ejemplo, puedo creer que no tiene nada de malo utilizar métodos anticonceptivos y sin embargo practicar una religión en la que, de acuerdo a sus preceptos, utilizar dichos métodos no está permitido, es decir, existe una contradicción interna en este caso. La espiritualidad tiende a ser más coherente, al incorporar creencias que están alineadas con mis valores y en concordancia con las cosas que pienso y siento.

El riesgo de asumir que uno lleva una vida espiritual consiste en que, en muchos casos, mantenemos creencias que vamos “actualizando” de acuerdo a nuestra conveniencia. Es decir, no practicamos esa sinceridad con nosotros mismos, aprovechando esos preceptos que hemos aceptado para continuar desarrollándonos como individuos, queriendo ser mejores personas, y practicando la aceptación y tolerancia hacia aquellos que piensan y creen de forma diferente a nosotros, sino que utilizamos esa espiritualidad para ponernos por encima de los demás, creyendo y pensando que aquellos que practican alguna religión en particular están equivocados o “atrasados”.

Recalco que llevar una vida espiritual consiste en primer lugar en ser coherentes, si creo y pienso que algo está mal pues entonces procuraré no hacerlo, en segundo lugar consiste en querer, continuamente, mejorar como persona, aprendiendo a ser más compasivo, tolerante, paciente y honesto, en tercer lugar, las creencias que mantengo no las defiendo a capa y espada, queriéndolas imponer en cada oportunidad que tengo, sino que son producto de mi propia experiencia y representan mi forma particular de ver el mundo. Finalmente, la espiritualidad consiste en la convicción de que existe algo más grande que yo mismo, lo cual me enseña a ser humilde y me recuerda que la verdad final no podrá ser exclusiva, reservada para unos cuantos, sino más bien que esa verdad es universal, y como tal puede adoptar un sin número de formas, manteniendo una misma esencia, basada en la empatía, la compasión, la tolerancia, la aceptación, la honestidad, la humildad y el amor. Una persona que práctica una religión en particular puede ser una persona que lleva una vida espiritual, siempre y cuando en su interior mantenga ese enfoque dirigido hacia el mejoramiento continuo.

Una práctica espiritual puede consistir en prácticamente cualquier cosa que uno hace con amor y con el propósito de mejorar como individuo, cultivando el amor hacia uno mismo y el amor hacia los demás, que incluye otras personas, animales y el planeta como un todo. Si por ejemplo, practico Yoga o voy a misa todos los domingos con esa perspectiva en mente, pues entonces estoy haciendo una práctica espiritual.

En el caso puntual del Yoga, sobre todo en lo que se refiere a la práctica de las posturas físicas del Yoga, estás me pueden enseñar muchas cosas. Me enseñan a aceptar mi cuerpo con sus limitaciones, habrán posturas que requerirán una flexibilidad o fuerza mayor a las que tengo, acepto que no puedo hacerlas aun y trabajo en mi cuerpo para poderlas hacer eventualmente, mientras tanto no me auto-crítico ni me juzgo. Esto me enseña a su vez a aceptar a los demás con las limitaciones que yo pueda pensar que ellos tienen. Las posturas de equilibrio me enseñan a aquietar  mi mente, a encontrar ese equilibrio personal el cual es producto de volverme consciente de mis movimientos internos; mentales y emocionales. Al aprender a percibirlos aprendo a calmarlos, encontrando ese equilibrio en mi vida entre el ocio y el trabajo, entre lo mental y emocional, entre las responsabilidades y el placer. Las inversiones, posturas en las que la cabeza queda por debajo de los pies, aprendo a vencer mis miedos, a ver las cosas desde otra perspectiva, aprendo a ser paciente conmigo mismo cuando aun no estoy donde quisiera estar, y así aprendo sobre la paciencia en general, una de las virtudes más hermosas que existen.

Siempre y cuando internamente decida hacer algo por mi propio bien, por mi desarrollo como persona, por la salud de mi cuerpo, desde un espacio de amor que no busca imponerse, sino que busca alcanzar una mayor armonía interior y así poder alcanzar una mayor armonía con los demás y el mundo que me rodea, a fin de volverme un mejor ser humano, estaré llevando una vida espiritual.

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