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Competencias tricerebrales en los niños


Inteligencia Emocional |Por: Cristina de Souza
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¿Cómo ayudar a que los niños de hoy se transformen en personas de éxito del mañana?

Cada día, la neurociencia entrega más evidencias de que los primeros cuatro años son los más decisivos en la vida de un ser humano. Las primeras experiencias existenciales son especialmente críticas en el desarrollo cerebral. A cada instante, los niños están siendo influenciados por la realidad que viven en su entorno más cercano y no por lo que se trata de enseñarles bajo juicios de valor; bajo lo que es cierto o errado.

Nada hay más insensato que pretender separar el aprendizaje de la experiencia. El cerebro está en un contacto dinámico con el mundo exterior y aprende no solo almacenando información sino adaptando una vasta red de conexiones para responder a los cambios del entorno y a la información recibida a través del mundo sensorial.

El mundo adulto en la mente de los niños es la universidad donde aprenden muchas cosas sobre las personas, las relaciones, el entorno, los valores, el dinero, la salud, etc. Cada descubrimiento activa determinadas áreas del cerebro infantil y agrupa la información en diferentes categorías. Cuánto más impactante es la vivencia, mayor es el tiempo en que el niño se dedica a pensar, dando inicio a la construcción de su modelo mental. Una experiencia negativa posteriormente originará conductas limitantes, errores repetidos, que se desencadenarán en resultados contrarios a los deseados para el niño ( y posteriormente para el individuo mismo en la etapa adulta).

El motivo del fracaso de muchas personas y el éxito de unas pocas es la falta de competencias tricerebrales. El investigador brasileño, De Gregori, propone lograr un equilibrio dinámico con el mundo exterior mediante la integración de tres grandes bloques cerebrales: la parte izquierda del cerebro que maneja la lógica, la razón, el conocimiento, entre otros aspectos. La parte central, que es la operativa, práctica, instintiva; y la parte derecha que es intuitiva, creativa, mística.

Lo ideal es que los tres cerebros tengan el mismo desarrollo e interactúen de manera proporcional. Aunque siempre hay predominio de uno solo de los cerebros, deben trabajarse los otros dos para que no se presente un desequilibrio. Gracias a la flexibilidad del cerebro, se puede desprogramar algunas cosas y reprogramar otras a partir de ciertos ejercicios y mecánicas.

Ser padres es una obligación de gestionar el propio interior y no heredar a los hijos patrones negativos que promuevan el desarrollo de cadenas neurológicas llenas de emociones que manifiestan estados de ansiedad, desconfianza, nerviosismo, preocupación, remordimiento, enojo, irritabilidad, violencia, impaciencia o cualquier otro estado negativo que puede llegar, incluso, a paralizar o estancar cualquier tipo de éxito presente o futuro.

Desde edad muy temprana, el niño aprende de sus padres (y de las personas importantes en su entorno). Infortunadamente, una gran cantidad de esa información, inútil e insana, transmitida de adultos a niños, puede afectar en el comportamiento y en los resultados de toda una vida. Por eso la importancia de crear ambientes positivos y desarrollar competencias tricerebrales.

Si bien es cierto, el desarrollo neurológico del niño empieza desde el momento de la concepción , también es cierto que el cerebro posee una flexibilidad fascinante que permite el crecimiento de nuevos circuitos neuronales, necesarios para la conquista de un nuevo resultado deseado.  Esa dinámica es relevante ( y de gran aliento para aquellos padres que tienen hijos con más de 4 años y el enorme deseo de mejorar las competencias cerebrales de sus retoños).

El éxito no es del más listo sino del que puede ingresar a su propio interior para conocerse y desarrollar las habilidades necesarias para conectar este mundo interno con la vida misma.

 

 

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